Cultura de salud

No es sólo asunto de hospitales, médicos, enfermeras, operaciones y medicinas.

La salud ha de ser integral y preventiva.

Cuando no se conocía el mundo de los microbios y las bacterias, se curaban las heridas sin la suficiente higiene y las heridas se infectaban. Se logró la esterilización, la pasteurización y los efectos curativos aparecieron porque se suprimieron las causas de las infecciones. Después la penicilina abrió el campo antibiótico con espectros cada vez más amplios.

Se requirió una vigilancia y control para evitar el abuso que curaba síntomas y dañaba órganos. Se señalaron las letras chiquitas de las contraindicaciones. Las estadísticas de los grandes países denunciaron la gran cantidad de cirugías innecesarias. Alarmó el número de gente enferma como consecuencia de los medicamentos recetados.

Creció la adicción a medicamentos. Uso excesivo de analgésicos y desinflamatorios. “¿Cuántas pastillas tomas tú al día?”. “¿Yo?”, respondió la vecina, “tomo hasta 12 y algunas yo me las he recetado”. Insuficiencias renales, padecimientos cardiacos, problemas gástricos y muchos más son el resultado de tantas sustancias en tanta cantidad y por tanto tiempo.

Una Medicina preventiva inteligente, que está en empeños modernos, le da mucha importancia a todo lo tóxico, lo contaminante. Se denuncia un ambiente cancerígeno por la combinación de bebidas dañinas, alimentos agresivos, aire viciado. Lo preventivo advierte la malignidad de muchos hábitos pésimos: de posturas ante teléfonos y computadoras. De vida sedentaria y falta de ejercicio, de respiración insuficiente, de sueño disminuido, de poco contacto con árboles e intemperie.

Una Medicina integral no se conforma con captar síndromes y señalar terapias rutinarias. El uso indebido de la mente, con su desconcentración y sus fugas perniciosas hacia el pasado y hacía el futuro. El hábito de pensamientos deprimentes, acusatorios, intimidadores. Imaginaciones de ilusiones para la decepción o la baja estima propia. Todo eso tiene repercusiones fisiológicas en que se pierden equilibrios y se descompensan las proporciones saludables de sustancias indispensables para el bienestar corporal. Hay mucha gente enferma de sus pensamientos enfermizos que pueden llegar a ser asesinos.

La seguridad, como enfermedad social, no es sólo un asunto de suma de cárceles y multiplicación de vigilancias o aumento de sanciones. Igualmente la salud integral y preventiva requiere no sólo atención al cuerpo sino a la persona en su ser íntegro y a su circunstancia.

Es buen objetivo la erradicación de la corrupción y la codicia en las instituciones que sirven a la salud. Pero al mismo tiempo que se sanan las estructuras han de cuidarse las conductas de los que curan y los hábitos deshumanizados de los que quieren curarse.

Ambiente saludable, mente sana, relación honesta. Criterios de prevención para remover las causas de las patologías y una integralidad en el diagnóstico y en la terapia, para no dejar sin atención y remedio ningún elemento patógeno de cualquier índole.

Interesante fue la pública conversación en Ramos Arizpe. La mejor meta es una cultura de salud desde la infancia en hogares y escuelas, orientación de juventud y acompañamiento de la madurez y la adultez de los mayores. La constante observación del ambiente y los hábitos alimenticios completados por deportes entusiastas hasta las medallas de oro y por el ejercicio cotidiano en gimnasios y hogares, parques y bosques... En esa cultura habrá salud integral para almas abiertas a la trascendencia y cuerpos que van a resucitar. 

 

Referencia: Vanguardia. (2019). Cultura de salud. [online] Available at: https://vanguardia.com.mx/articulo/cultura-de-salud [Accessed 14 Aug. 2019].